jueves, 5 de septiembre de 2013

Cada uno sabe si vale la pena… o la inmensa alegría

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
8 de septiembre de 2013
Vigésimo Tercer Domingo Durante el Año

Lecturas:
Sabiduría 9, 13-18 / Salmo 89, 3-6. 12-14. 17 ¡Señor, Tú has sido nuestro refugio! / Filemón 9-10. 12-17

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   14, 25-33
    Junto con Jesús iba un gran gentío, y Él, dándose vuelta, les dijo: Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
    ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: "Este comenzó a edificar y no pudo terminar".
    ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Nosotros, que vivimos sacando cuentas acerca de nuestros dineros, debiésemos orar: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría» (Sal). En lo respectivo a la fe, creemos que sabiduría es sinónimo de voluntad divina, por lo que podemos preguntarnos: «¿qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor?» (1L). Nosotros sabemos que hay uno: Jesús, quien, como orientación acerca del querer de su Padre, nos alienta permanentemente a amar y servir al hermano, porque estamos «unido a él por lazos humanos y en el Señor» (2L). Pero junto con eso, nos advierte que «El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Ev), no cualquier “cruz”, sino una como la suya: un castigo impuesto por los dueños del poder a quienes se atreven a llevar hasta el límite el amor al prójimo, practicando la solidaridad activa con el que sufre.
Recordemos que Lucas nos ha estado relatando durante estas semanas palabras de Jesús que buscan preparar adecuadamente a sus discípulos para su regreso al final de los tiempos.
Hoy invita a hacer los cálculos correspondientes, para que veamos si nos “conviene” seguir sus enseñanzas o no.
Veamos.
Hay personas que quieren tener buena salud y hasta un físico admirable, entonces, para lograr ese objetivo, se someten a exigencias de ejercicios y dietas que a otros les parecerían sacrificios intolerables; otras querrán juntar el dinero necesario para adquirir algún bien mayor (casa, vehículo, vacaciones… etc.) y, para conseguirlo, restringirán sus gastos y harán varias otras acciones que a otros les parecerán sacrificios intolerables; también puede suceder que alguien quiera conquistar el amor de otro/a que parece inalcanzable y, para acceder a esa persona y luego seducirla, tendrá que dedicar mucho tiempo, aplicando todas sus habilidades e, incluso, realizar actos o soportando situaciones que a otros les parecerían sacrificios intolerables…
En fin, si a alguien le parecen “sacrificios  intolerables” poner en primer lugar el amor por Jesús
hasta el punto de estar dispuestos a sufrir represalias por ser fiel al Reino de la fraternidad y renunciar al bienestar material, dice el Maestro, «no puede ser mi discípulo».
Las condiciones con él siempre son claras, pero nosotros, los que nos sentimos amigos suyos, siempre buscamos acomodar la Palabra a la forma de vivir que llevamos, en vez de hacerlo de la manera correcta: ajustar permanentemente nuestras acciones al Evangelio, lo que provoca que muchos se decepcionen del cristianismo y hasta, lamentablemente del mismo Cristo… y de Dios.
Entonces: amarlo más que a ningún otro/a; asumir valientemente las consecuencias desagradables; y estar dispuesto a liberarse de las ataduras materiales. Cada uno sabe si vale la pena… o la inmensa alegría.

Que sepamos valorar el bien más grande en tu amor y tu impulso para que amemos, Señor y que seamos luego consecuentes en ese camino. Así sea.

Llenos de Paz, Amor y Alegría por haber hecho la opción por Su Reino, asumiendo sus consecuencias,

Miguel.

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