viernes, 6 de septiembre de 2013

El vino nuevo y vigoroso del Reino no se aviene con las vasijas viejas de las costumbres, la rutina y la comodidad

6 de septiembre de 2013
Viernes de la Vigésimo Segunda Semana Durante el Año

Lecturas:
Colosenses 1, 15-20 / Salmo 99, 1-5 ¡Lleguemos hasta el Señor cantando himnos de gozo!

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   5, 33-39
    Los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben.»
    Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar.»
    Les hizo además esta comparación: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Los escribas y fariseos representan en este relato a quienes realizan ritos religiosos o de otro tipo más porque es una tradición que por ser un medio de acercamiento a Dios, mejorando la forma de vivir la fe.
¿Cuántos, por ejemplo, ayunan (si es que lo hacen) en Semana Santa debido a que se supone que debe hacerse, pero sin tener idea siquiera de por qué y para qué se ayuna?
El vino nuevo y vigoroso del Reino del respeto, la solidaridad y el cariño, no se aviene con las vasijas
viejas de las costumbres, la rutina y la comodidad. Para acogerlo bien es necesario renovar el corazón, purificándolo de lo que hacemos desde siempre sólo porque… lo hacemos desde siempre, y buscando entender su sentido profundo: impulsarnos a vivir el mandamiento del amor.
Una actitud radicalmente nueva es que, si no lo comprendemos y no nos lleva a amar más, no está cumpliendo su función, por lo que es mejor dejar de hacerlo.
Y, por cierto, si el espíritu te lo pide, buscar iluminar a la luz de la Palabra y de las enseñanzas de Jesús la práctica religiosa, cualquiera que ésta sea (Misa, oración, rosario…), para que, conociendo su sentido, pueda dar los frutos que son capaces de dar cuando es el corazón quien está inserto en ella y no la repetición mecánica.

Que sepamos valorar el vino añejo de lo que, pese a ser antiguo, no deja de ser valioso; a la vez de descubrir lo que hace nuevas las cosas que deben reemplazarse por haberse anquilosado en costumbres estériles. Así sea.

Queriendo aceptar con Paz, Amor y Alegría la invitación a estar entre los últimos, según los criterios del mundo,
Miguel.


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