jueves, 24 de octubre de 2013

Más solidaridad, menos competencia

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
27 de octubre de 2013
Trigésimo Domingo Durante el Año

Lecturas:
Eclesiástico 35, 12-14. 16-18 / Salmo 33, 2-3. 17-19. 23 El pobre invocó al Señor, y Él lo escuchó / II Timoteo 4, 6-8. 16-18

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   18, 9-14
    Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
    Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas».
    En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!»
    Les aseguro que este último volvió a sus casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado».
Palabra del Señor.

MEDITACION
Ya el antiguo libro del Eclesiástico hacía notar que Dios «no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido; no desoye la plegaria del huérfano, ni a la viuda, cuando expone su queja» (1L). Jesús hoy señala que Él está del lado de los humildes (Ev). Pablo lo siente cercano y fortalecedor, al llegar al final de su vida, porque la dedicó a servir a los demás (2L). Podemos concluir, entonces, que siempre «el Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos» (Sal).
Hay una historia acerca de un estudio sociológico que se realizaba en una aldea de África. Se trataba de que a un grupo de personas se les dio instrucciones para una competencia, la cual tenía, como es de suponer, un premio para el ganador. Lo inesperado para los investigadores fue que el grupo, en vez de correr cada uno por su cuenta, se tomaron las manos y corrieron juntos para luego compartir entre todos la recompensa.
Cuando se les preguntó el motivo para hacerlo de esa manera, explicaron que ninguno podría disfrutar si todos los demás quedaban frustrados.
Otra concepción. Otro tipo de sociedad. ¿Más humana?. Si es así: más cristiana.
La actitud del fariseo de la parábola está influida por esa perversa mentalidad anti solidaria que también nos aflige a nosotros en nuestros días: la competencia por el éxito individual. Su oración es una comparación: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano», donde, por cierto, ellos salen desfavorecidos. Es decir, el “ganador” en la exhibición de méritos es él.
Pero nuestro Dios, que siempre está del lado del humilde y lejos del soberbio, nunca se ha dejado impresionar por la suma de acciones religiosas. Su sensibilidad es estremecida cuando vamos a él con un corazón contrito y humillado (cf Sal 51,18) para que nos sane y podamos con su sabiduría entender que todos estamos hermanados en el pecado; ninguno es mejor que nadie, por lo que nos trataremos con más sencillez y cariño, dejando de ver a los demás como competidores y creciendo en fraternidad con todos.

Ten piedad de nosotros, pobres pecadores, Señor, que nos vanagloriamos de cumplir con actos externos y olvidamos alimentar lo que nos hermana con los demás y hace salir de nuestro interior lo bello que tú has puesto ahí. Perdón, Señor.

Reconociendo humildemente nuestra miseria y agradeciendo con Paz, Amor y Alegría su inmensa misericordia,

Miguel.

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