24 de octubre de 2013
Jueves de la Vigésimo Novena Semana Durante
el Año
Lecturas:
Romanos 6,
19-23 / Salmo 1, 1-4. 6 ¡Feliz
el que pone su confianza en el Señor!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
12, 49-53
Yo
he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera
ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto
se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo
que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una
familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra
el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la
madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Enseña
el Papa sobre este evangelio:
Jesús
dice a los discípulos: «¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la
tierra? No, les digo que he venido a traer la división» (Lc
12,51).
¿Qué cosa significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa,
ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión.
Como
si fuera una torta que se la decora con la crema ¡No! La fe no es eso. La fe
comporta elegir a Dios como criterio-base de la vida, y Dios no es vacío, no es
neutro, Dios es siempre positivo, Dios es ¡amor! Y el amor es positivo. Después
que Jesús vino al mundo, no se puede hacer como si no conociésemos a Dios. Como
si fuera una cosa abstracta, vacía, puramente nominal. No Dios tiene un rostro
concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que
se dona a todos nosotros. Por esto Jesús dice: he venido a traer división; no
es que Jesús quiera dividir entre ellos a los hombres, al contrario: Jesús es
nuestra paz, ¡es reconciliación! Pero esta paz no es la paz de los sepulcros,
no es neutralidad. Jesús no trae neutralidad. Esta paz no es un acuerdo a
cualquier precio.
Seguir
a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y escoger el bien, la verdad, la
justicia, también cuando ello requiere sacrificio y renuncia a los propios
intereses. Y esto sí divide, lo sabemos, divide también los lazos más
estrechos. Pero atención: ¡No es Jesús el que divide! Él pone el criterio:
vivir para sí mismo, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir;
obedecer al propio yo u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es “signo
de contradicción” (Lc 2,34).
Por
lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza de hecho el uso de la fuerza
para difundir la fe. Es precisamente al contrario: la verdadera fuerza del
cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda
violencia. Fe y violencia son incompatibles. ¡Fe y violencia son incompatibles!
En
cambio fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento pero es fuerte y ¿con
que fortaleza? con aquella de la mansedumbre; la fuerza de la mansedumbre, la
fuerza del amor.
Queridos
amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto
no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cfr
Mc 3,20-21).
Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, teniendo fija la mirada de su
corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias
también a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la
primera comunidad cristiana (cfr Hch 1,14).
Pidamos
a María que también nos ayude a nosotros a tener la mirada bien fija en Jesús y
a seguirlo siempre, también cuando cuesta. Así sea.
(Papa
Francisco, Angelus 18 de Agosto de 2013)
Orando y
actuando siempre para que crezcan y se desarrollen la Paz, el Amor y la Alegría
Miguel.

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