2 de noviembre de 2013
Conmemoración de todos los fieles difuntos
Lecturas:
I Corintios 15, 51-57 / Salmo 129, 1-8 Mi alma espera en el Señor
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
11, 17-27
Cuando Jesús llegó, se encontró con que
Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días. Betania distaba de Jerusalén
sólo unos tres kilómetros.
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y
a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta
salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras
estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te
concederá todo lo que le pidas".
Jesús le dijo: "Tu hermano
resucitará".
Marta le respondió: "Sé que resucitará
en la resurrección del último día".
Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y
la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en
mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".
Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que
tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".
Palabra del Señor.
MEDITACION
Los
artistas tienen la cualidad de expresar con lucidez poética lo que uno intenta
argumentar. Dice un canto popular: “El futuro es de la vida / los pueblos aman
la vida / lo muerto no / la muerte no / los
muertos no” (La Muerte no va Conmigo, Patricio Manns).
El
cristianismo, el movimiento de los seguidores de quien se definió como «la
Resurrección y la Vida», Aquel que vino para que tengamos Vida en
abundancia (Jn 10,10), está a favor de la vida, de toda vida y de
una calidad superior.
Por
ello, quien quiera ser de los suyos, debe decir lo que sea necesario y actuar
de manera que ésta se proteja y se desarrolle cada vez más y mejor.
Dios
de la vida, con el salmista queremos decir: «Mi
alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra» (Sal). Y, reconociendo tu
regalo de vida resucitada, después exclamar: «¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor
Jesucristo!» (1L). Gracias, Señor.
Reconociendo
humildemente nuestra miseria y agradeciendo con Paz, Amor y Alegría su inmensa
misericordia,
Miguel.

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