27 de noviembre de 2013
Miércoles de la Trigésimo Cuarta Semana
Durante el Año
Lecturas:
Daniel 5, 1-6.
13-14. 16-17. 23-28 / Salmo Dn 3, 62-67 ¡Alábenlo
y glorifíquenlo eternamente!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
21, 10-19
Jesús hablaba a sus discípulos acerca de su venida:
Se
levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos;
peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y
grandes señales en el cielo.
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a
las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a
causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo
les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá
resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus
parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos
a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas».
Palabra del Señor.
MEDITACION
Nos
ha dicho el Papa:
“El
Señor nos ayuda a no tener miedo: frente a las guerras, a las revoluciones,
pero también a las calamidades naturales, a las epidemias, Jesús nos libera del
fatalismo y de las falsas visiones apocalípticas.
El
segundo aspecto nos interpela precisamente como cristianos y como Iglesia:
Jesús preanuncia pruebas dolorosas y persecuciones que sus discípulos deberán
padecer, por su causa. Sin embargo asegura: “Pero no perecerá ni un cabello de
su cabeza” (v. 18). ¡Nos recuerda que estamos totalmente en las manos de Dios!
Las
adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son
ocasiones de testimonio; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a
abandonarnos aún más en Él, en la fuerza de su Espíritu y de su gracia.
En
este momento pienso y pensamos todos, eh, hagámoslo juntos, pensemos en tantos
hermanos cristianos que sufren persecuciones a causa de su fe. ¡Hay tantos!
Quizá más que en los primeros siglos. Jesús está con ellos. También nosotros
estamos unidos a ellos con nuestra oración y nuestro afecto. También sentimos
admiración por su coraje y su testimonio. Son nuestros hermanos y hermanas que
en tantas partes del mundo sufren a causa de ser fieles a Jesucristo. Los
saludamos de corazón y con afecto.
Al
final, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: “Con su
perseverancia salvarán sus almas” (v. 19). ¡Cuánta esperanza en estas palabras!
Son un llamamiento a la esperanza y a la paciencia, a saber esperar los frutos
seguros de la salvación, confiando en el sentido profundo de la vida y de la
historia: las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más
grande; el Señor, dueño de la historia, lleva todo a su cumplimiento. ¡A pesar
de los desórdenes y de los desastres que turban al mundo, el designio de bondad
y de misericordia de Dios se cumplirá!
Y
esta es nuestra esperanza. Ir así, por este camino, en el designio de Dios que
se cumplirá. Es nuestra esperanza.
Este
mensaje de Jesús nos hace reflexionar sobre nuestro presente y nos da la fuerza”
(Angelus
17 de noviembre de 2013)
Señor,
dueño de la historia, que sepamos esperar los frutos seguros de la salvación
poniéndonos en acción. Así sea.
Con el corazón
lleno de Paz, Amor y Alegría porque Cristo reina en él,
Miguel.


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