18 de noviembre de 2013
Lunes de la Trigésimo Tercera Semana Durante
el Año
Lecturas:
Macabeos 1,
10-15. 41-43. 54-57. 62-64 / Salmo 118, 53. 61. 134.
150. 155. 158 ¡Dame vida, Señor, y
guardaré tus mandamientos!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
18, 35-43
Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del
camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.
Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar:
«¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante lo
reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David,
ten compasión de mí!».
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le
preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?».
«Señor, que yo vea otra vez.»
Y
Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado.» En el mismo momento,
el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto,
todo el pueblo alababa a Dios.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Tal
vez haya más gente de la que imaginamos que, si nos diésemos el tiempo de
preguntarle «¿Qué
quieres que haga por ti?», nos contesten parecido al ciego:
“que pueda ver”.
¿Ver qué? Ver lo que tú ves en ese judío que
vivió hace dos milenios; y ver en ti lo que produce esa fe.
Y
si logramos, con nuestro actuar concretamente solidario y fraternal ante cada
vez más personas, iluminar la visión de esos/as hermanos/as, probablemente
ayudaríamos a que muchos más siguieran «a Jesús, glorificando a Dios».
Que
no seamos nosotros los ciegos que ya no te ven, Señor. Y que nos esforcemos por
despejar los obstáculos en la visión de nuestros hermanos. Así sea.
Esperando con Paz,
Amor y Alegría en el corazón el gran Día de la Liberación,
Miguel.


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