19 de diciembre de 2013
Jueves de la Tercera Semana de Adviento
Lecturas:
Jueces 13,
2-7. 24-25 / Salmo 70, 3-6. 16-17 Mi boca proclama tu alabanza y anuncia tu gloria
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
1, 5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un
sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada
Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y
seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.
Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad
avanzada.
Un día en que su clase estaba de turno y
Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte,
según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el
incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras
se ofrecía el incienso.
Entonces se le apareció el Ángel del Señor,
de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó
desconcertado y tuvo miedo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, Zacarías; tu
súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás
Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de
su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni
bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y
hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el
espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y
atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un
Pueblo bien dispuesto.»
Pero Zacarías dijo al Ángel: «¿Cómo puedo
estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada.»
El Ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el
que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta
buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan
estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido
tiempo.»
Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a
Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando
salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión
en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.
Al cumplirse el tiempo de su servicio en el
Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y
permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor
ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los
hombres.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
En
este relato el Ángel le anuncia a Zacarías la misión a la que sería llamado su
futuro hijo, Juan Bautista: «Precederá al Señor con el espíritu y
el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los
rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien
dispuesto» para la liberación que traería el Hijo de
Dios, Jesús.
Y así actuó y por eso se le recuerda.
Cada
uno de nosotros también puede decir: «El Señor me llamó desde el seno materno,
desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre» (Is
49,1),
sólo es necesario descubrir a qué ha sido llamado cada quien.
Y
no hay que pensar exclusivamente en ser grandes héroes como Moisés o Gandhi o
Mandela. También es posible ir aportando a la liberación desde los espacios en
que cada uno se mueve: rompiendo las cadenas del machismo en la familia y en
las comunidades donde nos encontramos; emancipándose de los dictados de la
cultura de la muerte individualista y consumista que pretenden gobernar nuestra
sociedad; sacudiéndose de la comodidad y el egoísmo que impiden reconocer en
el/la otro/a a un/a hermano/a…
Revisa
tu vida y (re)descubre lo que Dios te ha invitado a hacer de ella. Revisa tu
vida y evalúa si la has estado orientando a ese fin. Revisa tu vida y
conviértela hacia la liberación que el Señor quiere para ti y para todos.
Danos
un corazón y un espíritu dispuesto a realizar tu designio de amor para nosotros
y para los demás por medio de nosotros, Señor. Así sea.
Reflejando la Paz,
el Amor y la Alegría de experimentar la cercanía de Dios,
Miguel.

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