miércoles, 4 de febrero de 2015

Aunque se opongan nuestros cercanos: hacer el bien



4 de febrero de 2015
Miércoles de la Cuarta Semana del Tiempo Común

Lecturas:
Hebreos 12, 4-7. 11-15 / Salmo 102, 1-2. 13-14. 17-18 El amor del Señor permanece para siempre

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos   6, 1-6
    Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.
    Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
    Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.
Palabra del Señor.

MEDITACION
La labor de Jesús nunca fue fácil.
No es que porque era el Mesías y el Hijo de Dios todo fluía plácidamente en su vida.

Recordemos el pasaje que se nos presentó no hace muchos días, en el cual su familia lo va a buscar adonde se encontraba, para rescatarlo de su enajenación, según consideraban su estado, por las cosas que realizaba (Mc 3,21.31).
Estos mismos, junto a sus paisanos, hoy cuestionan sus capacidades porque es “sólo uno de los suyos”…
Creo que ese era parte del problema: no nos gusta que alguien de nuestro círculo (y no nosotros) se destaque.
El Maestro puede haberse entristecido, pero no se amilanó y continuó lo que se sentía llamado a hacer en otro lugar.

Que seamos constantes en hacer el bien, porque y cuando lo sentimos y lo descubrimos necesario, sin que nos afecten demasiado las opiniones de quienes lamentablemente tienen un alma más pequeña, Señor. Así sea.

Llenándonos de gozo por la manera nueva de enseñar y la autoridad que tiene el Señor de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.

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