6 de febrero de 2015
Viernes de la Cuarta Semana del Tiempo
Común
Lecturas:
Hebreos 13, 1-9
/ Salmo 26, 1. 3. 5.
8-9 ¡El Señor es mi luz y mi salvación!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 14-29
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido
por todas partes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se
manifiestan en él poderes milagrosos» Otros afirmaban: «Es Elías.» Y otros: «Es
un profeta como los antiguos.» Pero Herodes, al oír todo esto, decía: «Este
hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado.»
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de
Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque
Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.»
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo
respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo
oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su
cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los
notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes
y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo
daré.» Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas,
aunque sea la mitad de mi reino.» Ella fue a preguntar a su madre: «¿Qué debo
pedirle?» «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido:
«Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el
Bautista.»
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los
convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la
cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la
trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo
supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor.
MEDITACION
¡Cuánto daño han hecho los tiranos en
la historia humana!
Pero el mal siempre tiene respuesta,
por eso:
¡Cuánto bien han hecho los profetas en
su tiempo y para todos los tiempos!
Los primeros desaparecen en sus tumbas
y si regresan en la memoria, suelen serlo con desprecio.
Los segundos crecen con su
desaparición física, porque el odio no puede contra ellos y afligen la
conciencia de sus verdugos, a la vez que son llamarada que ilumina el camino de
su pueblo.
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Los primeros siempre acabaron cayendo;
los segundos suelen ser honrados. Los creyentes que estuvieron con unos y
contra los otros son también recordados con deshonra y, por causa de ellos, lo
es también el Señor.
Que nunca más alguien que utilice tu
nombre haga daño a los demás, Señor. Y que nunca más quienes te aman y te
respetan olviden hacerlo en los que son perseguidos y sufren. Así sea.
Llenándonos de
gozo por la manera nueva de enseñar y la autoridad que tiene el Señor de la Paz,
el Amor y la Alegría,
Miguel.
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