domingo, 8 de junio de 2014

FUEGO Y CENIZA AL VIENTO

«Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego,
que descendieron por separado
sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo»
(Hch 2,3-4)

Al viento de su Espíritu

que sopla donde quiere, libre y liberador,
vencedor de la Ley, del Pecado y de la Muerte.

Al viento de su Espíritu
que se remansó en el corazón y en el vientre
de una aldeana de Nazaret.

Al viento de su Espíritu
que se apoderó de Jesús
paa enviarlo a anunciar la Buena Nueva a los pobres
y la liberación a los cautivos.

Al Viento de su Espíritu
que se llevó, en Pentecostés,
los prejuicios, los intereses y los miedos de los Apóstoles
y abrió de par en par las puertas del cenáculo,
para que la comunidad de los seguidores de Jesús
fuera siempre abierta al Mundo
y libre en su palabra
y coherente en su testimonio
e invencible en su esperanza.

Al Viento de su Espíritu
que se lleva siempre los nuevos miedos de la Iglesia
y abrasa en ella todo poder que que no sea servicio fraterno
y la purifica con la pobreza y con el Martirio.

Al Viento de su Espíritu
que reduce a cenizas la prepotencia, la hipocresía y el
lucro,
y alimenta las llamas de la Justicia y la Liberación
y es el alma del Reino,
Para que seamos viento en el Viento, hermanos.


Pedro Casaldáliga

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