martes, 24 de junio de 2014

No debiésemos estar tranquilos ante esta injusticia

24 de junio de 2014
El Nacimiento de San Juan Bautista

Lecturas:
Isaías 49, 1-6 / Salmo 138, 1-3. 13-15 Te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable / Hechos 13, 22-26

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   1, 57-66. 80
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.»
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Isabel entendía que el niño debía llamarse Juan (“fiel a Dios”), más que seguir la tradición familiar y llamarlo como el padre.
Ella, como suele sentirlo toda madre, creía que estaba llamado a hacer cosas importantes en fidelidad al Señor.
Pero se encontró con los prejuicios de su época: la mujer no decidía estos aspectos.
Hoy las mujeres pueden llamar como quieren a sus hijos, pero hay aspectos más estructurales de la sociedad que les están vedados o en los que son directamente menoscabadas.
Algo ha cambiado la situación con el tiempo, pero aún hay que hacer mucho más para que la dignidad de toda persona sea aplicada a la mitad de la población mundial: el sexo femenino.
Los seguidores de Jesús, quien vino para que tuviésemos “vida en abundancia” (Jn 10,10) no debiésemos estar tranquilos mientras esa vida plena no alcanza a cada ser humano, menos si se le escatima a una parte tan importante de la humanidad.

Que sigamos afinando la vista y el corazón para descubrir dónde hay personas que necesitan el apoyo solidario de un seguidor tuyo, Señor. Así sea.

Alimentados del único Pan de Vida, que otorga Paz, Amor y Alegría,
Miguel.


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