18 de junio de 2014
Miércoles de la Undécima Semana Durante el
Año
Lecturas:
II Reyes 2, 1. 6-14 / Salmo 30, 20-21. 24 Sean fuertes y valerosos, todos los que
esperan en el Señor
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6, 1-6. 16-18
Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia
delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán
ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des
limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las
sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que
ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda
ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu
Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los
hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de
las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu
habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu
Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste,
como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que
ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu
cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres,
sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.
Palabra del Señor.
MEDITACION
¿Para quién realizas tus obras? ¿quién es la
o son las personas que te importa estén enterados de lo que haces,
especialmente si es algo bueno?
Jesús propone una simple elección: que sepan
todos, con vítores y trompetas recibidos de vuelta o que sólo lo sepa tu
conciencia (la sucursal de Dios en ti).
Las consecuencias de cada una, para quienes
favorezca tu buena acción, por cierto, son las mismas, pero para tu espíritu
pueden ser radicalmente distintas.
La primera: tu ego podría inflarse de tal
manera que te acostumbre a guiar tu actuar por los aplausos; la segunda: es
posible que aprendas la más bella experiencia humana, la del altruismo, que se
llena de gozo al poder aportar a la felicidad de otro, sin esperar recompensa.
La opción es tuya.
Que podamos enriquecer nuestra vida con el
amor, único don que aumenta mientras más se da. Tal como lo viviste y enseñaste
tú, Señor. Así sea.
Alabando con la
vida al Dios Uno y Trino, fuente de Paz, Amor y Alegría,
Miguel.

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