sábado, 28 de junio de 2014

Que nos contagie la fe de los sencillos

28 de junio de 2014
Sábado de la Duodécima Semana Durante el Año

Lecturas:
Lamentaciones 2, 2.10-14.18-19 / Salmo 73, 1-7. 20-21 No te olvides para siempre de los pobres

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   8, 5-17
Al entrar en Cafarnaún, se acercó a Jesús un centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente.» Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo.»
Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes.» Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído.» Y el sirviente se curó en ese mismo momento.
Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.
Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Muchas veces la fe de los que “saben” menos es más grande que las de los habituales en los encuentros religiosos.
Peor aún: uno puede percibir cómo entre nosotros vamos perdiendo la sensibilidad por lo divino.
Es que la religión se nos ha ido transformando en una rutina, donde hacemos permanentemente lo que otros nos enseñaron a hacer. Y a esos, otros se lo enseñaron. Y así, hasta perderse la pista del origen de aquella práctica…
Por eso suele verse tan poca alegría en el llamado “servicio a Dios” y, en cambio, uno ve más caras aburridas o indiferentes hasta en los momentos cúlmines de cada credo.
Sin embargo, como el Espíritu Santo está vivo y actuando, sigue inspirando a los pequeños y a los inesperados para que con su fe, nos sacudan y nos ayuden a acrecentar la nuestra.
Ojalá aprovechemos esas oportunidades.

Tampoco somos dignos de que toques nuestras historias humanas, Señor. Pero lo haces, no una, sino muchas veces. No te desanimes nunca y sigue cargando nuestras debilidades, hasta que aprendamos a confiar en el Padre y en ti. Así sea.

Alimentados del único Pan de Vida, que otorga Paz, Amor y Alegría,
Miguel.


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