15 de julio de 2014
Martes de la Décimo Quinta Semana
Durante el Año
Lecturas:
Isaías 7, 1-9
/ Salmo 47, 2-8 Dios afianzó para siempre su Ciudad
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 20-24
Jesús comenzó a recriminar a aquellas
ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. «¡Ay
de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre
ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían
convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. Yo les aseguro que, en
el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás
precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se
hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. Yo les aseguro que, en el
día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú.»
Palabra del Señor.
Jesús utiliza ejemplos históricos
conocidos por todos sus auditores.
Tiro, Sidón y Sodoma fueron ciudades
muy poderosas y, por ello, muy soberbias. Todas, de distintas maneras sufrieron
desgracias que las hicieron caerse de su “pedestal”. Popularmente se entendía
esto como un “castigo de Dios”.
Utilizando esa imagen, más allá de
confirmarla o no, el Maestro hace notar la similitud que habría entre ellas y
las ciudades por donde él había pasado, las que, pese a haber sido testigos de
los milagros realizados en ellas, continuaban su vida como si nada, como si
fuese obligación de Dios favorecerlas.
Uno debiese mirar hacia los lados y
comparar: tengo vida, salud, familia, alimento suficiente, mis cinco sentidos y
capacidad de utilizar brazos y piernas, entre tantas maravillas con las que no
todos cuentan. Y, entonces, preguntarse si no son esas bendiciones del Señor. Y
luego, actuar en consecuencia.
¿O crees que has hecho algo especial y
te mereces todo eso y más?
Por este y cada día de vida y salud,
gracias, Señor. Danos el poder demostrar este agradecimiento con signos de
conversión hacia la cercanía con los demás. Así sea.
Intentando dar
frutos de Paz, Amor y Alegría según las semillas que Dios ha puesto en
nosotros,
Miguel.


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