14 de julio de 2014
Lunes de la Décimo Quinta Semana
Durante el Año
Lecturas:
Isaías 1, 10-17
/ Salmo 49, 8-9.
16-17. 21. 23 Al que va por el buen
camino, le haré gustar la salvación de Dios
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 34—11, 1
Jesús dijo a sus apóstoles:
«No piensen que he venido a traer la
paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a
enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su
suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más
que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí,
no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que
encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe
a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser
profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser
justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de
beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser
mi discípulo, no quedará sin recompensa.»
Cuando Jesús terminó de dar estas
instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en
las ciudades de la región.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Jesús no viene a traer esa falsa paz
que sienten (¿o sentimos?) quienes sólo “cumplen” con lo que sienten que son
las obligaciones de su religión.
Dios, a través del salmista lo había
dicho de esta manera: «¿Cómo te atreves a
pregonar mis mandamientos y a mencionar mi alianza con tu boca, tú, que
aborreces toda enseñanza y te despreocupas de mis palabras?»
(Sal)
Él y su Hijo, esperan que, con la
fuerza de su Espíritu, encontremos paz en dar paz, encontremos alegría en
compartir alegremente y encontremos amor, cultivándolo a nuestra vez en
acciones de servicio por los demás.
El ejemplo es el mismo Maestro, quien,
cargando la cruz de poner la prioridad en buscar satisfacer las carencias y
aliviar los dolores de los demás, “perdió” la vida egoísta y encontró un tipo
de vida que merece con mayor razón llamarse así, porque es una vida más humana;
una vida plena.
Poner este tipo de conductas en primer
lugar es “preferirlo” a él.
Lo otro es una hipocresía o hasta una
idolatría: adorar a un Dios distinto al que nos dio a conocer Jesús.
Danos el ser capaces de sentirnos sin
paz mientras haya un hermano que sufra o alguien que padezca y nosotros podamos
hacer algo al respecto, Señor, para que descubramos que tomar tu cruz y
seguirte lleva a una vida más auténtica. Así sea.
Intentando dar
frutos de Paz, Amor y Alegría según las semillas que Dios ha puesto en
nosotros,
Miguel.


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