miércoles, 7 de junio de 2017

Creer en el Dios que ama al mundo



PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
11 de Junio de 2017
La Santísima Trinidad

Lecturas:
Hechos 2, 1-11 / Salmo 103, 1. 24. 29-31. 34 Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra / I Corintios 12, 3-7. 12-13

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan    3, 16-18
Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.

MEDITACIÓN                                                                                                             
El Dios Padre, a quien con justicia se le puede cantar: «Bendito seas en el trono de tu reino, aclamado por encima de todo y exaltado eternamente» (Sal), envió a su Hijo a hacerse uno de nosotros no «para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Ev), porque «es un Dios compasivo y bondadoso» (1L), y nos invita, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en nosotros, a corregir el mal que quiere predominar en nuestro mundo, siguiendo sus enseñanzas: «Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes» (2L).
¿En cuál Dios crees?
Se sabe que los cristianos (al igual que judíos y musulmanes) confesamos creer en la existencia de un solo Dios: «A ti se te hicieron ver todas estas cosas, para que sepas que el Señor es Dios, y que no hay otro dios fuera de él» (Dt 4,35), sin embargo, conocemos prácticas y prédicas que hacen pensar que hay quienes tienen otro distinto a Aquel en el cual ponemos nuestra fe y nuestro cariño.
Existe, por ejemplo, el actuar del fanatismo religioso reflejado en el refrán: “a Dios rogando y con el mazo dando”, lo que da a entender que su “dios de la violencia” busca forzar la fe de la gente.
Pero, sin llegar a algo tan dramático, nos encontramos también con que algunos cristianos priorizan en su mensaje el tema del juicio a las acciones de los demás y otros, en fomentar un sentimiento de culpa por los muchos “pensamientos, palabras, obras y omisiones” que se tengan.
Sin embargo, Jesús nos recuerda que «Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él»
Radicales diferencias que hace bien, a los cristianos y, ¿por qué no? a todo el mundo, conocer.
Es que el nuestro es el Dios de la ternura, alguien que nos advierte desde el Antiguo Testamento: «¿(Acaso) se olvida una madre de su criatura, (acaso) no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Is 49,15); alguien a quien se le canta: «Señor, Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarte, rico en amor y fidelidad» (Sal 86,15) y a quien se le anuncia así: «¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti. Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta» (Sof 3,15.17-18).
Por cierto que cada quien tiene derecho a escoger en qué o cómo creer. Pero quien no le cree a Jesús condena al mundo a la violencia, el fanatismo, el moralismo y otras plagas; por el contrario, quienes quieren creerle, pueden llegar a conocer a su Padre como el Dios que es el amor (1 Jn 4,8), quien, en vez de forzar y violentar, es capaz de esperar lo que sea necesario hasta que volvamos libremente a sus brazos (cf Lc 15,11-32); quien, en vez de recriminar infinitamente, «hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45); y quien no busca el remordimiento inútil, sino amarnos aunque no lo merezcamos o, precisamente, porque no lo merecemos (cf Rm 5,8).
Y todo aquello, descubrirlo, más que escuchándole palabras elocuentes, viéndolo actuar como su Hijo único, asemejándose a su Padre, sirviendo a sus otros hijos (Gal 4,4-5), para que éstos –nosotros- aprendamos de él y luego busquemos, con el auxilio poderoso de su propio Espíritu –quien es Dios mismo que nos habita-, amar también, de forma concreta y eficiente, sirviendo, a los demás (cf Jn 13,34).
Esa es la forma más concreta y eficaz de anunciar la Buena Noticia del Dios que «amó tanto al mundo»

Que podamos tener la Vida eterna o plena o bella que nos has traído, Señor, la cual está en asemejarnos a tu vida de Hijo único del Padre bueno, sirviendo con ternura a tus hermanos de humanidad. Así sea.

Buscando con mucha Paz, Amor y Alegría, acoger el misterio del Dios comunidad de amor, sirviendo con cariño a los demás,
Miguel

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