PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
11 de Junio de 2017
La Santísima Trinidad
Lecturas:
Hechos 2, 1-11 / Salmo 103, 1. 24. 29-31. 34 Señor, envía tu Espíritu y
renueva la faz de la tierra / I Corintios 12, 3-7. 12-13
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 16-18
Dijo
Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el
que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su
Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
El Dios Padre, a
quien con justicia se le puede cantar: «Bendito seas en el trono de tu reino,
aclamado por encima de todo y exaltado eternamente» (Sal), envió a su Hijo a
hacerse uno de nosotros no «para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por él» (Ev), porque «es un Dios compasivo y bondadoso» (1L), y nos
invita, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en nosotros, a corregir el
mal que quiere predominar en nuestro mundo, siguiendo sus enseñanzas:
«Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan
en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con
ustedes» (2L).
¿En cuál Dios crees?
Se sabe que los cristianos (al igual que
judíos y musulmanes) confesamos creer en la existencia de un solo Dios: «A ti
se te hicieron ver todas estas cosas, para que sepas que el Señor es Dios, y
que no hay otro dios fuera de él» (Dt
4,35), sin embargo, conocemos prácticas y prédicas
que hacen pensar que hay quienes tienen otro distinto a Aquel en el cual
ponemos nuestra fe y nuestro cariño.
Existe, por ejemplo, el actuar del fanatismo
religioso reflejado en el refrán: “a Dios rogando y con el mazo dando”, lo que
da a entender que su “dios de la violencia” busca forzar la fe de la gente.
Pero, sin llegar a algo tan dramático, nos encontramos
también con que algunos cristianos priorizan en su mensaje el tema del juicio a
las acciones de los demás y otros, en fomentar un sentimiento de culpa por los muchos
“pensamientos, palabras, obras y omisiones” que se tengan.
Sin embargo, Jesús nos recuerda que «Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por él»
Radicales diferencias que hace bien, a los
cristianos y, ¿por qué no? a todo el mundo, conocer.
Es que el nuestro es el Dios de la ternura, alguien
que nos advierte desde el Antiguo Testamento: «¿(Acaso) se olvida una madre de
su criatura, (acaso) no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque
ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Is
49,15); alguien a quien se le canta: «Señor, Dios compasivo
y bondadoso, lento para enojarte, rico en amor y fidelidad» (Sal 86,15) y a quien se le anuncia así: «¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti.
Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti
gritos de alegría, como en los días de fiesta» (Sof 3,15.17-18).
Por cierto que cada quien tiene derecho a
escoger en qué o cómo creer. Pero quien no le cree a Jesús condena al mundo a
la violencia, el fanatismo, el moralismo y otras plagas; por el contrario,
quienes quieren creerle, pueden llegar a conocer a su Padre como el Dios que es
el amor (1 Jn 4,8), quien, en vez de forzar y violentar, es capaz de esperar lo que sea
necesario hasta que volvamos libremente a sus brazos (cf Lc 15,11-32); quien, en vez de recriminar infinitamente, «hace salir su sol sobre
malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45); y quien no busca el remordimiento inútil, sino amarnos aunque no lo
merezcamos o, precisamente, porque no lo merecemos (cf Rm 5,8).
Y todo aquello, descubrirlo, más que escuchándole
palabras elocuentes, viéndolo actuar como su Hijo único, asemejándose a su
Padre, sirviendo a sus otros hijos
(Gal 4,4-5), para que éstos –nosotros- aprendamos de él
y luego busquemos, con el auxilio poderoso de su propio Espíritu –quien es Dios
mismo que nos habita-, amar también, de forma concreta y eficiente, sirviendo,
a los demás (cf Jn 13,34).
Esa es la forma más concreta y eficaz de
anunciar la Buena Noticia del Dios que «amó tanto al
mundo»
Que podamos tener la Vida eterna o plena o
bella que nos has traído, Señor, la cual está en asemejarnos a tu vida de Hijo
único del Padre bueno, sirviendo con ternura a tus hermanos de humanidad. Así
sea.
Buscando con mucha Paz, Amor
y Alegría, acoger el misterio del Dios comunidad de amor, sirviendo con cariño
a los demás,
Miguel

No hay comentarios:
Publicar un comentario