miércoles, 21 de junio de 2017

El secreto para la coherencia y valentía cristiana



PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
25 de Junio de 2017
Domingo de la Duodécima Semana Durante el Año

Lecturas:
Jeremías 20, 10-13 / Salmo 68, 8-10. 14. 17. 33-35 Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor / Romanos 5, 12-15

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo    10, 26-33
    Jesús dijo a sus apóstoles:
    «No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
    No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.
    ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
    Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres».
Palabra del Señor.

MEDITACIÓN                                                                                                             
No nos equivoquemos. Así es nuestro Dios: «Él libró la vida del indigente del poder de los malhechores» (1L) «escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos» (Sal) y «no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos» (2L). Por todo ello, nos alienta su Hijo: «No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros» (Ev).
¿Un evangelio para superhéroes?
Jesús es claro, coherente y consecuente, y espera lo mismo de sus seguidores.
Sin embargo, él conoce bien nuestras capacidades y limitaciones, por lo que sabe que sólo algunos podrán con aquello: son los grandes santos que dieron sus vidas por servir y amar a sus hermanos.
El secreto para que esto nos sea posible a todos los demás, es que, como él también fue uno de los nuestros, supo y experimentó el poder que da el hacer las cosas juntos –aquello de que “la unión hace la fuerza”-, y, por eso, creía en la tremenda potencia que tenía el trabajar en comunidad.
De hecho, él mismo lo experimentó formando una, para que después, ellos, juntos, pudiesen enfrentar las dificultades y persecuciones que inevitablemente acarrea el proclamar la dignidad intrínseca de cada ser humano, creado a imagen de Dios y adoptado por Él como su hijo.
Es que todos aquellos que hacen negocios de la inequidad; todos aquellos que necesitan ser considerados como superiores; todos aquellos que acostumbran a imponer sus ideas; es decir, todos los poderosos de la Tierra, quienes no se limitan si es necesario pisotear a los demás para mantener sus privilegios; todos ellos se sentirían amenazados por ese Evangelio.
Los últimos veinte siglos han sido un período precioso para que la Iglesia, la comunidad de los seguidores de Jesús, débiles y humildes como fueron por separado, pero con su valentía fortalecida por la unidad –la que, de pasada, atrae la ayuda del poder y la guía del Espíritu de Dios-, se atreva a demostrar que, por amor y sin temor «a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma», repitieron «en pleno día» y estuvieron permanentemente «proclamando desde lo alto de las casas» el mensaje salvador, sanador y liberador de su Maestro, que es el anuncio de la ternura misericordiosa de Dios, la cual desborda Su Corazón hasta inundar el nuestro, de tal manera que nos sea posible iluminar la vida de los demás, no permitiendo que quien guíe sus pasos sea aquel «que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno»: el demonio del egoísmo, el individualismo y el materialismo.

Que podamos, juntos como hermanos en ti, que somos, reconocerte ante los hombres, Señor, más que de palabra, con nuestro accionar solidario y cercano, para ser reconocidos como hijos por el Padre del cielo. Así sea.

Buscando con mucha Paz, Amor y Alegría, ser coherentes con el deseo de sentirnos cristianos e hijos del Padre Dios,
Miguel

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