PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
11 de Junio de 2023
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Lecturas de la Misa:
Deuteronomio 8, 2-3. 14-16 / Salmo 147, 12-15.19-20 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén! / I Corintios 10, 16-18
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-58
Jesús dijo a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
El Señor, por amor, es providente: «Él asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo» (Sal); Moisés, además, reafirma sus cuidados, recordando la presencia permanente de Dios al lado de su pueblo, en su largo peregrinar después de rescatarlos de la esclavitud, ya que «en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná» (1L), el cual era un pan caído del cielo. Sin embargo, Jesús afirma: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo» (Ev), lo que hace concluir a Pablo, por su parte, que: «Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan» (2L). El objetivo de Dios es dar y darse para conseguir la unidad fraterna de la familia humana.
Para alimentar poderosamente nuestras existencias.
El evangelio de Juan es prolífico en identificar a Jesús con la Vida, en éste, claramente, él es el Señor de la Vida: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» (Jn 11,25-26).
Nosotros lo creemos. O decimos creerlo, al menos… y esta es la afirmación más rotunda de nuestra fe; la que acabamos de celebrar en Pascua y sería coherente que se reflejara en nuestras vidas.
El texto del evangelio de hoy, por ejemplo, es un poderoso canto a la vida que hay en él, la cual quiere compartir generosamente con los demás.
Resuma vida por todos los costados: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Ojo, que, si tenemos en cuenta que Juan es un escritor que utiliza mucho, eficaz y elegantemente, los símbolos, sería bueno no tomar literalmente las palabras de Jesús que nos ofrece, porque, si lo hacemos así, podemos perder parte importante del significado profundo de estas palabras que se nos regalan.
Está bien, pueden interpretarse estas palabras, sobre todo después de siglos de tradición que así lo enseñan, como una referencia a la Eucaristía. Pero sabemos que Jesús no es tanto de eventos o momentos, por importantes que sean, sino mucho más de compromisos vitales, sobre todo con la causa del Reino de la misericordia compasiva de Dios para cada uno y de sus seguidores con todos los demás
Eso se entiende cuando dice que es alimento para “la Vida del mundo” y no para un pequeño grupo de sus seguidores.
Por lo anterior, en vez de una piedad intimista hacia el pan y el vino consagrados, puede servirle más al mundo, que “comamos y bebamos” lo más profundo de su esencia, de tal manera de que, compenetrados poderosamente de esta, podamos atrevernos a replicar lo que esté dentro de nuestras posibilidades, de tal manera de desarrollar esa capacidad cada vez más y cada vez mejor, para que nos sea progresivamente más sencillo ir asemejándonos a nuestro Maestro y modelo de vida.
Pero, si buenamente y con fe, creemos en que estas palabras de Jesús hablan de comerlo en el pan y el vino eucarístico, esto lleva implícito el que nuestra vida se nutra de la suya y que esto sea visible a los ojos de los demás.
La cuestión de fondo es: escuchando, leyendo, meditando estas palabras, ¿sentiremos hambre, ansias, por alimentarnos de Jesús -de todo lo que él encarna-, y nutriremos nuestra existencia de cada día con su canto a la Vida? ¿Producirá en nosotros este «pan bajado del cielo» frutos de “buena alimentación”: solidaridad, fraternidad, misericordia, cuidado por los demás y por el medio ambiente…? Es decir, ¿se notará en y entre nosotros que «el que me come vivirá por mí»? Que es como decir, en otras palabras, que nuestro trato humano con los demás revele que «Cristo vive en mí» (Gal 2,20) y me ayuda a vivir como hijo de Dios, para que intente aportar a que todos vivamos una vida que valga la pena llamarse de esa manera y como la soñó nuestro Creador.
Tanto, tanto, nos amaste, Padre eternamente Bueno, que como no podía ser de otra forma, nos diste, porque así funciona tu generoso corazón, lo mejor de lo tuyo: tu propio Hijo, quien se hizo alimento vital para nuestro actuar entre nosotros. Gracias, Señor.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, poder alimentar nuestras vidas, nuestras acciones y palabras del poderoso ejemplo y enseñanzas de Jesús,
Miguel.


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