3 de septiembre de 2013
Martes de la Vigésimo Segunda Semana Durante
el Año
Lecturas:
I Tesalonicenses 5, 1-6.
9-11 / Salmo 26, 1. 4. 13-14 ¡Contemplaré
la bondad del Señor!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
4, 31-37
Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y
todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En
la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio
impuro; y comenzó a gritar con fuerza; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús
Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de
Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El
demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún
daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su
palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!»
Y
su fama se extendía por todas partes en aquella región.
Palabra del Señor.
MEDITACION
El
Domingo reciente las lecturas nos hablaban del valor de la humildad. Jesús, en
esto como en todo, es nuestro Maestro. Él habla con autoridad, porque vive lo
que enseña.
¿Cómo
hubiésemos actuado nosotros si nos calificaran como «el
Santo de Dios»?
Nuestro
ego henchido buscaría que esa persona lo hiciese saber a la mayor cantidad de
gente posible. Sin embargo, Jesús la hace callar…
Quien
sabe cuánto vale, no necesita los halagos, le basta la satisfacción del deber
cumplido y el cariño de Dios, quien «desplegó la fuerza de
su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su
trono y elevó a los humildes» (Lc 1,51-52).
Llénanos
de la sabiduría que nos hace falta para descubrir y amar la auténtica humildad,
la que amas porque inspira el amor y la solidaridad con los demás. Así sea.
Queriendo
aceptar con Paz, Amor y Alegría la invitación a estar entre los últimos, según
los criterios del mundo,
Miguel.


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