11 de septiembre de 2013
Miércoles de la Vigésimo Tercera Semana
Durante el Año
Lecturas:
Colosenses 3, 1-11
/ Salmo 144, 2-3. 10-13 ¡El Señor es bueno con todos!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
6, 20-26
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo:
¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados!
¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los
insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de
ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos
trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay
de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!
¡Ay
de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay
de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban
a los falsos profetas!
Palabra del Señor.
MEDITACION
No
es posible obviar hoy el recuerdo del día que partió violentamente la historia
de nuestro país hace cuatro décadas.
No
es posible, en primera instancia, porque independiente del juicio que cada cual
tenga de las causas y de la inevitabilidad (o no) del Golpe Militar, desde la
opción por la dignidad humana, debiese repugnar a toda persona la estela de
sufrimientos y la bestialidad con que fueron tratados a contar de ese día
muchos seres humanos, cualquiera que fuese su ideología, dolores que
permanecerán mientras no haya claridad acerca del paradero de quienes fueron
detenidos y hechos desaparecer; y mientras siga habiendo silencios y acciones
que obstaculicen el actuar de la justicia.
Y
no es posible, tampoco, para quien se diga cristiano, es decir quien sigue el
mensaje de fraternidad universal del profeta nazareno, el que hizo su opción
por los humillados de la Tierra: «los
pobres […] los que ahora tienen hambre […] los que ahora lloran» y los que
son perseguidos por la causa de su Reino, denunciando, a su vez, a «los ricos […] los que ahora están
satisfechos […] los que ahora ríen» y son elogiados por su negligencia y
prepotencia hacia los marginados.
Por
eso, desde y junto con la Palabra de Dios, es un día para compadecerse (=padecer
o sufrir junto) de los que sufren (cf Mc 6,34); un día para hacer
resonar la Voz del Dios que ve la opresión de su pueblo y escucha sus gritos de
dolor (cf Ex 3,7); y un día para buscar qué aportes
hacer que permitan acabar «con la ira, el
rencor, la maldad» (1L), curar heridas y reconstruir una
sociedad sana basada en la verdad y la justicia.
Con
el querido Cardenal Silva Henríquez creemos que “cada ciudadano debe dar lo
mejor de sí para que Chile no pierda nunca su vocación de justicia y libertad”.
Contamos con tu ayuda en eso y en todo lo que hoy necesita nuestra Patria,
Señor. Así sea.
Llenos de Paz,
Amor y Alegría por haber hecho la opción por Su Reino, asumiendo sus
consecuencias,
Miguel.

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