jueves, 17 de octubre de 2013

Fe, oración y acción

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
20 de octubre de 2013
Vigésimo Noveno Domingo Durante el Año

Lecturas:
Éxodo 17, 8-13 / Salmo 120, 1-8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor / II Timoteo 3, 14—4, 2

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   18, 1-8
    Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
    «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario".
    Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"».
    Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.
    Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
Palabra del Señor.

MEDITACION
La viuda maltratada por el adversario y por quien debía protegerla (Ev), dio muestras de que, confiando en que «el Señor te protegerá de todo mal y cuidará tu vida» (Sal), es ejemplo para el cristiano y la cristiana, que es quien «insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable» (2L) hasta lograr la justicia.
Nunca es fácil tener la labor de juzgar sobre los demás, porque siempre habrá alguien que no se considere equitativamente tratado por el juez.
Es cierto.
Pero también lo es que, como en la parábola de hoy, hay jueces que por cobardía moral, o por subordinar el derecho a sus intereses o por quién sabe qué motivos, traicionan tan alta función.
Sin ir más lejos, en el contexto de la reciente conmemoración de los 40 años del golpe de estado, el Presidente de la República recordó una vez más que durante el periodo de la dictadura “el Poder Judicial no estuvo a la altura de sus obligaciones y desafíos. Pudo haber hecho mucho más”.
Los seguidores de Jesús, ¿qué podemos hacer frente a esta dolorosa realidad?
El ejemplo de la viuda (personaje símbolo de los indefensos en los tiempos del Maestro), que es víctima de un “adversario” –sin duda más poderoso que ella, en aquella sociedad machista-; a la vez sufre la actitud de un juez indiferente a su persona, sus padecimientos e incluso a lo que pueda querer Dios y piensen los hombres, viene a recordarnos que de brazos cruzados no se conquista nada.
Dios le hará justicia, sí, pero a través de los frutos del mismo esfuerzo que realice: la insistencia con el magistrado y la constancia en la oración para que Dios le dé (y nos dé) la fuerza, la capacidad, la inteligencia y lo que se precise para lograr ese fin.
¿Qué fe es la que él espera encontrar, entonces?
No la de los que rezan mucho golpeándose el pecho, sino la de los que se alimentan de la oración para asumir la acción, con la convicción de que, Dios está del lado de los justos, los que se indignan, los que reclaman y los que se unen para exigir lo correcto.

Que no perdamos la constancia para orar, ni para transformar nuestra oración en acción a favor de un mundo más humano, es decir, más cristiano, Señor. Así sea.

Orando y actuando siempre para que crezcan y se desarrollen la Paz, el Amor y la Alegría

Miguel.

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