PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
20 de octubre de 2013
Vigésimo Noveno Domingo Durante el Año
Lecturas:
Éxodo 17,
8-13 / Salmo 120, 1-8 Nuestra
ayuda está en el nombre del Señor / II
Timoteo 3, 14—4, 2
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
18, 1-8
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin
desanimarse:
«En
una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en
la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego
que me hagas justicia contra mi adversario".
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no
temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le
haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"».
Y
el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia
a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les
aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
Palabra del Señor.
MEDITACION
La viuda maltratada por el adversario y por quien debía protegerla
(Ev), dio muestras de que,
confiando en que «el Señor te protegerá
de todo mal y cuidará tu vida» (Sal), es ejemplo para el cristiano y la cristiana, que es quien «insiste con ocasión o sin ella, arguye,
reprende, exhorta, con paciencia incansable» (2L) hasta lograr la justicia.
Nunca
es fácil tener la labor de juzgar sobre los demás, porque siempre habrá alguien
que no se considere equitativamente tratado por el juez.
Es
cierto.
Pero
también lo es que, como en la parábola de hoy, hay jueces que por cobardía
moral, o por subordinar el derecho a sus intereses o por quién sabe qué
motivos, traicionan tan alta función.
Sin
ir más lejos, en el contexto de la reciente conmemoración de los 40 años del
golpe de estado, el Presidente de la República recordó una vez más que durante
el periodo de la dictadura “el Poder Judicial no estuvo a la altura de sus
obligaciones y desafíos. Pudo haber hecho mucho más”.
El
ejemplo de la viuda (personaje símbolo de los indefensos en los tiempos del
Maestro), que es víctima de un “adversario” –sin duda más poderoso que ella, en
aquella sociedad machista-; a la vez sufre la actitud de un juez indiferente a
su persona, sus padecimientos e incluso a lo que pueda querer Dios y piensen los
hombres, viene a recordarnos que de brazos cruzados no se conquista nada.
Dios
le hará justicia, sí, pero a través de los frutos del mismo esfuerzo que realice: la insistencia
con el magistrado y la constancia en la oración para que Dios le dé (y nos dé) la
fuerza, la capacidad, la inteligencia y lo que se precise para lograr ese fin.
¿Qué
fe es la que él espera encontrar, entonces?
No
la de los que rezan mucho golpeándose el pecho, sino la de los que se alimentan
de la oración para asumir la acción, con la convicción de que, Dios está del
lado de los justos, los que se indignan, los que reclaman y los que se unen
para exigir lo correcto.
Que
no perdamos la constancia para orar, ni para transformar nuestra oración en
acción a favor de un mundo más humano, es decir, más cristiano, Señor. Así sea.
Orando y actuando
siempre para que crezcan y se desarrollen la Paz, el Amor y la Alegría
Miguel.


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