9 de octubre de 2013
Miércoles de la Vigésimo Séptima Semana
Durante el Año
Lecturas:
Jonás 3, 10.
4, 1-11 / Salmo 85, 3-6. 9-10 ¡Tú eres rico en misericordia, Señor!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
11, 1-4
Un
día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus
discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus
discípulos.»
Él
les dijo entonces: «Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos
a aquellos que nos ofenden;
y no nos dejes caer en la tentación.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
La
versión de Lucas de esta oración es más sintética que la de Mateo.
Para
comenzar, esta se origina en una solicitud de los discípulos para aprender a
orar, por lo que surge como un método didáctico, no como un rezo que se debe
repetir sin meditar lo que estamos diciendo.
Para
eso, lo primero que nos recuerda es la maravilla de poder dirigimos a Dios como
Padre, pese a ser quien tiene el Nombre que es Santo sobre todo lo santo.
Como
orar es –debe ser- intentar ponernos en sintonía con su querer, iniciamos
pidiéndole que su
Reino de fraternidad y solidaridad se haga presente en medio
nuestro, lo que traerá como consecuencia el pan y la reconciliación para todos.
Si
buscamos poner la vida en línea con lo que pedimos, trataremos de estar
disponibles para que, como suele hacerlo el Señor, use nuestras capacidades
para realizar lo que pedimos.
Por
eso, le rogamos, además, que no permita que nos venza la tentación del egoísmo,
la desidia, la indiferencia y todo aquello que nos aparta de su voluntad de
amor por todos y para todos, incluidos, por cierto, cada uno de nosotros/as
mismos/as.
Señor
Jesús, enséñanos a hacer de nuestra vida una oración agradable a ti, que
transforme nuestras palabras en acciones que estén en línea con el Reino de tu
Padre. Así sea.
Cumpliendo el
deber de intentar vivir como discípulo de Jesús con Paz, Amor y Alegría en el
corazón,
Miguel.


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